Francia–Irak: gestionar el riesgo
de rayos sin improvisación
Tras la interrupción del partido Francia–Irak debido a una tormenta a principios de semana, este episodio recuerda que la gestión del riesgo de rayos en el deporte al aire libre se basa en decisiones que deben ser anticipadas y encuadradas.
En este tipo de situaciones, las reacciones pueden ser diversas e incluso escépticas frente a una interrupción a veces prolongada. Son comprensibles. Sin embargo, los protocolos aplicados, especialmente en Estados Unidos, se basan en reglas claras: interrupción del juego cuando se detectan rayos en un radio de aproximadamente 13 km y reanudación únicamente tras 30 minutos sin nueva actividad eléctrica, reiniciando el conteo tras cada nuevo impacto. Meteorage apoya plenamente estos enfoques, que contribuyen a reforzar la seguridad de las actividades al aire libre.
El análisis de 10 años de accidentes relacionados con rayos en Europa (215 casos estudiados, de los cuales 56 en Francia) muestra que el 60% de las víctimas practicaban actividades de ocio al aire libre y que el 11% de los accidentes ocurrieron en estadios o instalaciones deportivas. También pone de manifiesto que la mayoría de las tormentas responsables de accidentes podían anticiparse, a menudo con más de 30 minutos de antelación.
La dificultad no reside únicamente en la decisión de interrumpir una actividad, sino también en determinar cuándo puede reanudarse en condiciones realmente seguras. Muchos accidentes se producen cuando la tormenta parece alejarse o perder intensidad, generando una falsa sensación de seguridad. Por esta razón, la regla de los 30 minutos tras el último rayo detectado sigue siendo esencial. La decisión no puede basarse únicamente en la percepción humana. Las señales visuales o auditivas son por naturaleza variables y a veces engañosas. Aunque útiles a nivel individual, no son adecuadas para gestionar la seguridad de un grupo o de un estadio.
La gestión del riesgo debe basarse en una detección precisa de los rayos, sistemas de alerta y vigilancia en tiempo real de la actividad tormentosa, así como en protocolos definidos de antemano, para no dejar lugar a la improvisación.